31.10.10

En los últimos días, dos días seguidos trataron de robarme. Ahora bien, podríamos decir que, si bien las dos veces terminé con las rodillas temblando y ganas de llorar, puedo considerarme afortunada porque no sólo que no me tocaron, sino que tampoco me robaron nada. Una sola cosa: cuando estás en una situación de ése estilo, imaginándote con un arma en la nuca, cuando no sabés si vas a volver a tu casa, pensas en todo; y en todos. Mil caras te pasan por la mente, mil situaciones; también mil posibles formas de salir de ahí. Pareciera que soy una pelotuda que atravesó ciertas desgracias con suerte. Ja.