19.9.12

De insoportable a ameno, de ameno a insuperable se fue haciendo nuestro viaje habitual. Convocaste a mi talento, y de tu rostro desprendían risas que se hicieron mi manjar. Abrigué cada penuria que me confiabas, y en mis entrañas, te ganaste un buen lugar. Conocí cada rincón de aquella alma que se distingue por su eterna inmensidad.